
¿Hay algo peor que tener que madrugar?. ¡Si!, la respuesta es, coger el transporte público. Da igual el medio que cojas, autobús, metro, tren, etc. Siempre tendremos la oportunidad de sacar críticas al servicio ofrecido. Y ¿por qué?. Muy sencillo, cuando no falla una cosa, falla la otra.
Llevo años y años cogiendo ese transporte público sublime, que tanto la presidenta de
Lo más fuerte del Metro, sin lugar a dudas, es como se pone de gente en hora punta. El miércoles pasado me atreví a cogerlo sobre las 09:00 de la mañana. La cosa empezó bien, cogí la línea 5 sin mucha gente, por aquel entonces se podía respirar y todavía olía a la colonia con la que salí de casa. A medida que fueron pasando las estaciones, me empecé a sentir como esas lonchas de jamón de york que vienen embasadas al vacío en plástico. En ese momento, a mi pesar, descubro quienes de mis compañeros de vagón se han duchado esa mañana, se han molestado en mantener una higiene recomendada o quien se ha regalado para el cuerpo sus tres primeras cervezas del día. Contengo la respiración, e intento apartar mis zonas “pudientes” del género femenino, por lo que puedan llegar a pensar, pero no es fácil hacerlo cuando estas hay apelotonado, como si estuvieras jugando al juego del twister (una mano al bolso, otra al pantalón, mira a todos lados, quien ha bostezado). En fin, que sales del vagón y es una liberación, parece que hayas llegado a la meta, recuperas el aliento y te das cuenta de que el peinado lo tienes hacia el otro lado, llevas colonia de hombre, de mujer y de borracho, y por si fuera poco, te has dejado el paraguas en casa y llueve a cantaros.
El autobús y el tren no le “van a la zaga”, sus constantes retrasos son tan normales en nuestras vidas, como las interminables diferencias entre “rojos” y “azulones”. Te puedes pasar tres cuartos de hora esperando un autobús, y ver de repente como pasan tres de la misma línea juntos. Y tú piensas: ¿esto es una cámara oculta?. Encima el primero viene abarrotado y toda la gente se mete en él, sin apreciar que por detrás vienen dos, vacíos, pidiéndote casi que entres. Eso sí, si llegas con retraso, el “autobusero” lo soluciona rápido, y muy rápido, tanto que te metes en la piel de los protagonistas de “speed” (Keanu Reeves y Sandra Bullock) y cuando llegas al destino, te santiguas (aunque no seas creyente), besas el suelo (al estilo papal) y te dices: “una vez y no más, Santo Tomas”.

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