viernes, 1 de diciembre de 2006

El transporte público me mata.


¿Hay algo peor que tener que madrugar?. ¡Si!, la respuesta es, coger el transporte público. Da igual el medio que cojas, autobús, metro, tren, etc. Siempre tendremos la oportunidad de sacar críticas al servicio ofrecido. Y ¿por qué?. Muy sencillo, cuando no falla una cosa, falla la otra.

Llevo años y años cogiendo ese transporte público sublime, que tanto la presidenta de la Comunidad como su gran “amigo” y alcalde de Madrid, se congratulan en poner por las nubes. Ya lo sé, Metro de Madrid vuela. Y tanto que vuela, no es la primera vez que veo como llega un tren y al instante de llegar se va fulminado del andén como si le estuviera persiguiendo “Mimi de GH” vestida de payaso y exclamando todo el rato “jopetas”.

Lo más fuerte del Metro, sin lugar a dudas, es como se pone de gente en hora punta. El miércoles pasado me atreví a cogerlo sobre las 09:00 de la mañana. La cosa empezó bien, cogí la línea 5 sin mucha gente, por aquel entonces se podía respirar y todavía olía a la colonia con la que salí de casa. A medida que fueron pasando las estaciones, me empecé a sentir como esas lonchas de jamón de york que vienen embasadas al vacío en plástico. En ese momento, a mi pesar, descubro quienes de mis compañeros de vagón se han duchado esa mañana, se han molestado en mantener una higiene recomendada o quien se ha regalado para el cuerpo sus tres primeras cervezas del día. Contengo la respiración, e intento apartar mis zonas “pudientes” del género femenino, por lo que puedan llegar a pensar, pero no es fácil hacerlo cuando estas hay apelotonado, como si estuvieras jugando al juego del twister (una mano al bolso, otra al pantalón, mira a todos lados, quien ha bostezado). En fin, que sales del vagón y es una liberación, parece que hayas llegado a la meta, recuperas el aliento y te das cuenta de que el peinado lo tienes hacia el otro lado, llevas colonia de hombre, de mujer y de borracho, y por si fuera poco, te has dejado el paraguas en casa y llueve a cantaros.

El autobús y el tren no le “van a la zaga”, sus constantes retrasos son tan normales en nuestras vidas, como las interminables diferencias entre “rojos” y “azulones”. Te puedes pasar tres cuartos de hora esperando un autobús, y ver de repente como pasan tres de la misma línea juntos. Y tú piensas: ¿esto es una cámara oculta?. Encima el primero viene abarrotado y toda la gente se mete en él, sin apreciar que por detrás vienen dos, vacíos, pidiéndote casi que entres. Eso sí, si llegas con retraso, el “autobusero” lo soluciona rápido, y muy rápido, tanto que te metes en la piel de los protagonistas de “speed” (Keanu Reeves y Sandra Bullock) y cuando llegas al destino, te santiguas (aunque no seas creyente), besas el suelo (al estilo papal) y te dices: “una vez y no más, Santo Tomas”.

jueves, 30 de noviembre de 2006

De profesión... Corrupto.


Yo de pequeño, quería ser butanero. Si, oís bien, butanero. Debe ser que el uniforme y el cargar con semejante armatoste, me hacia pensar en el butanero como un superhéroe que se encargaba de suministrar a los ciudadanos el gas necesario para subsistir. Hoy día la profesión esta muy mal vista, quizás por el mal futuro que le espera con la creciente demanda del Gas Natural, o puede que por la mala fama, que junto al panadero, se le ha atribuido a lo largo de los años de destroza-familias (ese hijo no es suyo, seguro que es del butanero). Cosa que yo no comprendo muy bien, ya que si yo fuera butanero, lo último que desearía después de una jornada de aporrear bombonas y subirlas hasta un cuarto piso soportando tal considerable peso (13 kilos), es ponerme a la faena con la señora de Pérez. Pienso que la fama debería tenerla más el lechero, por lo de la leche, y esas cosas,…

Mis sueños de juventud se arrastraron por el suelo en cuanto me di cuenta de lo gratificante que es “el no dar palo al agua”, cultura bien arraigada en España desde los primeros años de la democracia. Esta cultura consiste en trabajar una hora, charlar con el compañero tres, tener dos horas de descanso y “tocarse los huevos” el tiempo restante.

Hay surge el mito del funcionario, dicese de aquel ser humano que maneja importantes documentos de terceras personas, prestando un tiempo mínimo de su tiempo a ellos y que su mayor aspiración en la vida es imponer un expediente sancionador a ese puto chino tramposo que tenia abierto el centro de alimentación un minuto después de la hora de cierre. Todo esto es muy fácil decirlo, pero ¿acaso los jueces no se tocan también los jirafales?, y porque no hablar de ciertas recepcionistas que prefieren pintarse las uñas en su puesto de trabajo sin importarles que el teléfono que deben atender, y por el cual llevan el dinero a casa, echa chispas…

¡Si!, lo tengo claro, yo de mayor quiero ser "corrupto", es decir, político que no me sale la palabra,… Esto es como un buen plato de cocina, necesitas los ingredientes y buenos utensilios. De ingredientes nos vale con cierta dosis de falta de vergüenza y de conciencia. Le echamos un chorrito de codicia y de morro a la hora de comprar a ciertos cargos. Y por ultimo, no debe faltar el cinismo, frases como: ¡Que demuestren que lo he echo! o ¡mis abogados interpondrán las correspondientes demandas! no pueden faltar en su vocabulario. Como utensilios, nada mejor que estar afiliado a cualquier partido político de nuestra querida tierra. También es útil ser constructor o tener “buenas amistades”.

En fin, creo que pronto lo conseguiré, al fin y al cabo ya estoy como Juan Antonio Roca hace 14 años, ¡en el paro!.

miércoles, 29 de noviembre de 2006

Malas costumbres (primera parte)


Hace tiempo que necesito expulsar todas esas criticas que suelto al aire sin conseguir respuesta alguna. Hace tiempo que la sociedad acabó con mi paciencia y envenena mí conciencia y mis buenos modales. Hace tiempo que la distancia entre lo correcto y lo censurable perdió para mi toda lógica. Ha llegado el momento de que el Lanas hable o calle para siempre.

¿A quien no le ha pasado alguna vez, ir por la calle y que una persona le pida un cigarrito, cual limosna en la puerta de la Iglesia?. A mi me pasa muy normalmente, debe ser que tengo cara de traficante o fumador compulsivo. Pero lo cierto es que nunca he fumado ni tan siquiera lo he probado.

Ahora diréis, ¿pero este tío de que va?, ¿a mi que me importa si te piden cigarros o si te ven cara de porrero seguidor de Melendi?. Es muy sencillo, a mi lo que me jode son las maneras. No solo te atracan de la manera mas penosa que hay (pedir por la cara) sino que te exigen tener cigarros aunque no fumes. Es verdad, te llegan y te dicen: ¡Jefe!, ¿tienes un cigarrito? u ¡Oye! ¿Un pitillo?, y cuando le dices: ¡Que va!, ¡no fumo!, te miran como perdonándote la vida, psicoanalizando tu personalidad y dejando entrever que lo mejor es que huyas, porque hoy se rifan ostias y tú te llevas toda la pedrea.

Te hacen sentir mal, y no porque tengas lástima de ellos (faltaría mas), sino porque te juzgan como un agarrao y mentiroso sin conocerte, sin pararse a pensar en que en esta sociedad al igual que existen "frikys" como la hija de la Campos, también existe gente que vive sin humos, es decir, que no absorbe nicotina, fenol, amoniaco, piridina, acetona, benceno, ácido cianhídrico, cadmio, níquel y demás sustancias tóxicas.

Esas personas "mendigas de vergüenza" esperan oír, ¡Claro que si!, si me acompañas al estanco yo mismo te compro un cartón de la marca que tu desees, es mas, te regalo un clíper y una pitillera forrada de pelo de mapache de regalo. Yo no fumo, pero te visto cara de buena persona y voy a empezar a fumar desde ya. No se porque he estado perdiendo tanto tiempo sin agraciarme de su estupendo hedor y sus múltiples consecuencias nocivas.

Evidentemente, yo respeto que cada uno haga con su cuerpo lo que le salga de la vaina, pero a mí que me dejen tranquilo, que no tengo porque sentirme como en "la maquina de la verdad", ni ser tan pasteloso como una simbiosis de Karina y Nieves Herrero. Me dan ganas de mirarlos a los ojos y decirles a lo Julián Lago: ¡Un momento, enseguida te respondo, no si antes dar pasó a unos minutos de publicidad!.