jueves, 30 de noviembre de 2006

De profesión... Corrupto.


Yo de pequeño, quería ser butanero. Si, oís bien, butanero. Debe ser que el uniforme y el cargar con semejante armatoste, me hacia pensar en el butanero como un superhéroe que se encargaba de suministrar a los ciudadanos el gas necesario para subsistir. Hoy día la profesión esta muy mal vista, quizás por el mal futuro que le espera con la creciente demanda del Gas Natural, o puede que por la mala fama, que junto al panadero, se le ha atribuido a lo largo de los años de destroza-familias (ese hijo no es suyo, seguro que es del butanero). Cosa que yo no comprendo muy bien, ya que si yo fuera butanero, lo último que desearía después de una jornada de aporrear bombonas y subirlas hasta un cuarto piso soportando tal considerable peso (13 kilos), es ponerme a la faena con la señora de Pérez. Pienso que la fama debería tenerla más el lechero, por lo de la leche, y esas cosas,…

Mis sueños de juventud se arrastraron por el suelo en cuanto me di cuenta de lo gratificante que es “el no dar palo al agua”, cultura bien arraigada en España desde los primeros años de la democracia. Esta cultura consiste en trabajar una hora, charlar con el compañero tres, tener dos horas de descanso y “tocarse los huevos” el tiempo restante.

Hay surge el mito del funcionario, dicese de aquel ser humano que maneja importantes documentos de terceras personas, prestando un tiempo mínimo de su tiempo a ellos y que su mayor aspiración en la vida es imponer un expediente sancionador a ese puto chino tramposo que tenia abierto el centro de alimentación un minuto después de la hora de cierre. Todo esto es muy fácil decirlo, pero ¿acaso los jueces no se tocan también los jirafales?, y porque no hablar de ciertas recepcionistas que prefieren pintarse las uñas en su puesto de trabajo sin importarles que el teléfono que deben atender, y por el cual llevan el dinero a casa, echa chispas…

¡Si!, lo tengo claro, yo de mayor quiero ser "corrupto", es decir, político que no me sale la palabra,… Esto es como un buen plato de cocina, necesitas los ingredientes y buenos utensilios. De ingredientes nos vale con cierta dosis de falta de vergüenza y de conciencia. Le echamos un chorrito de codicia y de morro a la hora de comprar a ciertos cargos. Y por ultimo, no debe faltar el cinismo, frases como: ¡Que demuestren que lo he echo! o ¡mis abogados interpondrán las correspondientes demandas! no pueden faltar en su vocabulario. Como utensilios, nada mejor que estar afiliado a cualquier partido político de nuestra querida tierra. También es útil ser constructor o tener “buenas amistades”.

En fin, creo que pronto lo conseguiré, al fin y al cabo ya estoy como Juan Antonio Roca hace 14 años, ¡en el paro!.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde luego estoy de acuerdo con todo lo que dices, tanto en lo de si te piden un cigarro, como en lo de la mejor profesion "corrupto"

Hoy en dia la sociedad carece de todo tipo de valores (eticos, morales) y ya son pocas las personas que aun mantiene alguno vivo, solo pensamos en sacar el mejor provecho a uno mismo pisoteando al que haga falta o aprovechandose de lo que haga falta.

Y eso desde luego no esta bien, llegara un momento en el que la propia codicia pase a ser un valor moral y cuando es dia llegue "apaga y vamonos"

Dicho esto, aprovecho para felicitar al autor